Campaneros de Bretó de la Ribera y Santa Cristina de la Polvorosa, de Santovenia del Esla y San Cebrián de Campos, de Revellinos y Pajares de la Lampreana, revivieron durante la tarde de ayer los antiguos toques de campana de sus respectivos pueblos tañendo dos esquilones de la palentina Fundiciones Quintana a las puertas de la iglesia de Santa María.
El encuentro de campaneros comenzó a las siete de la tarde. Los instrumentos, dos esquilones de cien y ochenta kilos montados sobre una plataforma a semejanza de la espadaña de una iglesia, repicaron a Gloria y a Muerto, a Ánimas y a Tentenube.
Cada campanero recuperó los tañidos de su lugar de origen. En Santa Cristina de la Polvorosa «tenemos hasta quince», afirma José Antonio Guerra, tañedor de la localidad. A los toques citados suma los que avisan de incendio e inundaciones, los que llaman a trabajos comunes o dan cuenta de la salida del ganado a los campos.
«Una vez tuve la oportunidad de explicarles a un grupo de diputados en León que las campanas eran un método de aviso preciso y que no contamina: puede informar de que ha muerto una mujer, un hombre o un niño y la hora a la que será el entierro», explica. Junto a Santa María, la demostración la hizo repicando al igual que sus compañeros.