Rutas y excursiones

Rivera abajo desde Pueblica de Campeán (Sayago)

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Zamora - Zamora

Nos desplazamos por una  cañada tradicional, que cruza el valle transversalmente y posee otro puente para salvar el arroyo. Estamos así ante la histórica Calzada Mirandesa, vieja vía de comunicación que enlazó Zamora con la ciudad portuguesa de

Distancia desde Zamora: 16 km
Longitud total del trayecto: 6 km

Tiempo aproximado: 2 horas

Dificultad: Baja (tramos monótonos)

Detalles de interés:
Casco urbano peculiar, puentes históricos, paisajes amenos, evocación histórica, calzadas tradicionales, cantera .

Aunque por su aspecto no lo parezca, Pueblica de Campeán es una de las localidades más nuevas de toda la provincia. Fue fundada alrededor de 1933 en los espacios que formaron parte de la dehesa de San Pedro del Rocío del Campeán, adquirida por entonces con este fin. Ese latifundio, antes de la Desamortización de Mendizábal, había pertenecido a las monjas del convento del Corpus Christi de Zamora.
A pesar de esa modernidad, la historia del pueblo es mucho más antigua y compleja. Sus habitantes proceden de la desaparecida aldea, también llamada La Pueblica, que fue anegada por las aguas del embalse del Esla tras el cierre de la presa de Ricobayo. Aquel lugar primero era uno de los anejos integrados en el ancestral concejo de San Pedro de la Nave. Se emplazó en un paraje que a la fuerza hubo de ser risueño y fecundo. Sus casas se apiñaban en una cuesta, justo en el vértice de unión del río Aliste con el Grande, que así designaban al Esla las gentes en aquella zona. Las tierras, a orillas de ambas corrientes fluviales, aunque angostas, hubieron de ser muy fecundas, dada la riqueza de aguas disponible. Por ello, el traslado hasta este reseco enclave en el que se encuentra ahora el lugar tuvo que ser muy traumático. Las fincas obtenidas después de parcelar la dehesa, en general, poseen suelos excesivamente arenosos, demasiado sensibles a la sequía y el curso acuático que drena la zona resulta insignificante, mucho más comparado con los ríos del asentamiento antiguo.
Eso sí, la ubicación elegida para establecer la futura población resultó grata y apropiada. Se decidieron por una especie de  vaguada custodiada por dos cadenas de cerros que protegen de los vientos más intempestivos. Viene a ser un desahogado pasillo abierto hacia oriente y occidente. Sobre esos espacios construyeron las nuevas viviendas, todas iguales, adosadas entre sí formando varias hileras. No se invirtieron excesivos caudales en esos flamantes edificios, ya que fueron de construcción rústica, creados con pobre mampostería. Contaron con una sola planta, con elementales fachadas en las que se abren dos ventanas, dejando la puerta entre medio. Por lo general, como dinteles emplearon pobres troncos. Los corrales y establos quedan adosados por detrás. En nuestros días, por fortuna, casi todas las casas han sido mejoradas. Ello unido a otras de nueva planta, alzadas recientemente, hacen que el aspecto general del núcleo urbano resulte vistoso y acogedor.
De todos los edificios allí existentes descuella la iglesia. Presenta la tradicional planta de una nave con crucero. Sobre su fachada se eleva el campanario, funcional espadaña taladrada por tres vanos ojivales. Lo más característico son las ventanas, ya que son pequeños huecos cuadrados colocados en hilera o agrupados formando cruces. Este templo se ha beneficiado recientemente con una profunda restauración. Otro inmueble diferente, más alto que los demás, es el antiguo molino, ahora inactivo, que funcionó con motores eléctricos. También es digno de reseñar la que fuera sede de las escuelas, aprovechada en nuestros días como salón de usos múltiples.
Los cerros circundantes preséntanse desnudos, desprovistos de vegetación arbórea, excesivamente minerales. Poco a poco van arraigando algunas matas, encinas de pequeño porte, y pinos, éstos concentrados en una de las fincas. Si ascendemos a la cumbre de los tesos meridionales gozaremos de amplias panorámicas. Hacia el sur se divisan los pueblos de San Marcial, Casaseca de Campeán, Villanueva de Campeán, Peñausende y Las Enillas, éste a la orilla de las dos peñas gemelas, tan peculiares, que le caracterizan. Entre medio se sucede el geométrico despiece de las parcelas. Tal serie de cuadrículas concluye allí donde se inician las dehesas, de las cuales se hace bien presente la de Amor, por su espeso monte. Si nos fijamos en los suelos, veremos que las rocas contienen algunas vetas de ópalo degradado. Por algún rincón entre estos altozanos se ha de emplazar el pago conocido como Valle de Navalzarza. Antaño se debió de descubrir de alguna veta de estaño, lo que propició la puesta en funcionamiento de una incipiente mina, abandonada a poco por su falta de rendimiento.
Decididos a realizar un trayecto por los alrededores, partimos de entre las casas hacia el oeste por una pista que sale por detrás de las citadas escuelas. Se desciende por allí a la hondonada por la que discurre la rivera de Campeán, el principal cauce acuático de la zona. Bien pronto descubriremos, en paraje despejado, un puente antiguo que capta todas las atenciones. Es el conocido secularmente como Puente Potato al cual llegaremos tras recorrer escasos cientos de metros. Admiraremos una magnífica obra, creada con buena sillería y restaurada con esmero hace escasos años. El conjunto está formado por dos arcos de medio punto, que cuentan con la protección de un agudo tajamar, una alcantarilla adintelada y otro ojo más adelante, bastante separado, sólo útil en momentos de riadas. Por encima se tiende una plataforma bien sólida, que conservó en gran medida el enlosado primitivo. En esas lastras se marca un desgaste secular, sobre todo los surcos generados por las llantas metálicas de los carros y el bruñido de las herraduras. Esa banda compactada se ha completado en la reparación moderna, distinguiéndose a la perfección las piedras añadidas. Cruzó por aquí el camino tradicional que unía Zamora con Ledesma, el cual algunas decenas de metros más allá se bifurcaba, apartándose un ramal hacia Sobradillo de Palomares, Fresno y Almeida.
Unos cantos hincados en medio de la calzada impiden utilizar este paso para el tránsito con vehículos. Queda por ello reservado para la contemplación evocadora e histórica. La circulación actual se canaliza por dos rutas diferentes. La más activa, la de la carretera, atraviesa unos cientos de metros hacia el sur. La otra, la pista agraria que nos trajo hasta aquí, cuenta con un puente funcional construido aguas abajo. Por ella seguimos y nada más pasar a la margen izquierda del arroyo topamos con una compleja encrucijada. Optamos allí por el ramal de la derecha, el que sigue paralelo al cauce. Dejamos atrás algunos pequeños huertos, cercados con paredes, y unas naves ganaderas. Avanzamos por parajes abiertos, sirviendo la pista de límite entre los prados de la derecha y las fincas sembradas de la otra mano. La rivera cruza por el medio, manteniendo su cauce tradicional. En ciertos tramos, a sus orillas crecen ciertos arbolillos, algún chopo y más abundantes mimbreras. Resulta relajante y amena esta parte de la ruta, tendida en un entorno en el que nada rompe la armonía.
Tras habernos desplazado escasamente dos kilómetros topamos con otra cañada tradicional, que al igual que la anterior cruza el valle transversalmente y posee otro puente para salvar el arroyo. Estamos así ante la histórica Calzada Mirandesa, vieja vía de comunicación que enlazó Zamora con la ciudad portuguesa de Miranda do Douro. El paso, conocido como Puente Viejo de Judiez, es similar al Potato ya visto. En su estructura principal dispone de dos arcos, pero también se completa con vanos adintelados y al menos otro arco auxiliar ahora semihundido. La plataforma de paso está muy destrozada, reventada por las crecidas. Se precisan aquí labores de restauración y desbroce similares a las realizadas en el otro puente, siendo realmente necesarias ya que el deterioro es muy acusado. Sobre la cronología de estos dos pasos se ha afirmado que son obras de la época romana, aunque es muy posible que provengan de la Edad Media, sufriendo desde entonces diversas reconstrucciones.
La calzada, sigue hacia el oeste transformada en otra pista de concentración parcelaria. A su orilla, bien visibles de donde estamos, se hallan las instalaciones de un moderno club hípico. El arroyo penetra a partir de aquí en la extensa dehesa de Judiez, delimitada por una lacerante cerca de alambre de espino. Alertados por el brillo del agua, tal barrera no impide contemplar el pintoresco embalse creado hace escasos años con una pequeña presa tendida sobre un congosto. Se ha generado así un oportuno remanso acuático, cuya aportación paisajística es muy positiva. También se divisan los dos puentes de la carretera de Fermoselle, el de piedra, de finales del siglo XIX, sin uso, y el moderno de hormigón construido por detrás.
Nosotros, tomamos desde aquí la dirección hacia Zamora. Avanzamos por el lecho de la vieja calzada, a tramos invadido por junqueras y zarzales, dado que carece de mantenimiento desde hace muchas décadas. La secular ruta aprovecha una vaguada lateral para abandonar el valle, ascendiendo suavemente hacia el pueblo de Tardobispo. A ambos costados se extienden fincas sembradas, perdurando en las lindes algunos arbolillos.
Pero no deseamos llegar hasta esa localidad citada, pues pretendemos regresar a Pueblica. Para ello hemos de virar hacia la derecha. Lo hacemos por unos espacios que se mantienen libres del arado, dada su naturaleza rocosa. Han de ser los segundos que se nos presentan, los más próximos a una ingrata escombrera. Enlazamos así con la pista trazada por encima de la antes citada calzada de Ledesma. Está señalada con diversos hitos, nombrada como Senda del Duero. Nosotros nos incorporamos justo en un poste que marca el kilómetro 12. Se divisa desde allí el corte de una cantera situada relativamente cerca. Si necesidad de acudir hasta ella apreciamos la potencia de la masa de arenisca que se explota y su cálida coloración. Detrás, por encima, se hacen presentes unas amplias naves.
Retornamos desde aquí al pueblo. Aprovechamos el camino citado, sin desviarnos por los ramales que vamos a hallar. Muy adelante, solitario en una suave ladera, el cementerio local se hace presente por sus blancas tapias. A la otra mano, hacia abajo, en una campa se abre el óvalo azul de una amplia laguna, excavada para ser utilizada como abrevadero. Estamos bien cerca del pueblo, sólo intuido al quedar por detrás del cerro inmediato. Si seguimos de frente llegaríamos al ya visitado Puente Potato. Mas, si preferimos un atajo, podemos acortar por una variante a la izquierda, ya a la vista de las casas. Concluimos así un recorrido por un reborde de la comarca sayaguesa, en espacios ya de transición con Tierra del Vino.    

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