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Premios Goya

Belén Funes: "Debo disfrutar los Goya; si eres mujer, difícil que te vuelvan a nominar"

Única directora mujer nominada a los Goya como novel, firma una película que te remueve por dentro
24-01-2020 11:50
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Belén Funes. Gtres

Belén Funes. Gtres

En la próxima Semana de Cine de Medina del Campo han decidido reconocer a Belén Funes y Greta Fernández como Directora y Actriz del Siglo XXI, respectivamente. Y tiene sentido porque ambas han dado forma y fondo al rostro más duro de este nuevo siglo en ‘La hija de un ladrón’, una película que pone sobre la mesa la precariedad que existe en España y que no se suele ver en la gran pantalla.

Con este película, Belén Funes (Barcelona, 1984) se ha convertido en la única directora nominada en esta edición de los Premios Goya 2020, en su caso a Mejor Dirección Novel y, aunque asegura que esa falta de realizadoras nominadas “más que por maldad, creo que ocurre por desatención”, sí que está dispuesta a “disfrutarlo, sobre todo porque cuando eres mujer es muy difícil que te vuelvan a nominar como director”. Funes se muestra como una certera cronista social de la España que le he tocado vivir. Con una magistral lección de realismo, consigue que los personajes cobren vida y nos muestren una realidad que ocurre a nuestro lado pero que no siempre somos capaces de ver. Entre todos ellos destaca Sara, interpretada por Greta Fernández, que podría llevarse el Goya a Mejor Actriz Protagonista. Fernández da vida en el filme a una mujer joven que lucha por conseguir una ‘vida normal’, que consiste tener lo básico para subsistir. “Un trabajo, un sueldo, una familia, un techo…”, señala Belén Funes, realizadora y autora del guión, que firma con Marçal Cebrián, con quien comparte “una sensibilidad muy parecida acerca de la vida y además me gustaba la idea de que hubiera también un hombre en el equipo escribiendo sobre personajes de mujer. Me parece que los personajes femeninos y feministas no solamente nos corresponden a las mujeres, también les corresponden a los hombres”.

Tras estudiar dirección en la Escuela Superior de Cine de Catalunya (ESCAC), y guión en la de San Antonio de los Baños (Cuba), Belén Funes no ha parado de trabajar, desde sus inicios como meritoria en la primera película de Mar Coll ‘Tres días con la familia’, o como script o ayudante de dirección. Con su primer cortometraje como realizadora, 'Sara a la fuga', se llevó la Biznaga al Mejor Cortometraje y a la Mejor Dirección en el Festival de Cine de Málaga, pero también fue la semilla de la que nace ‘La hija de un ladrón’, su primer largometraje. El equipo de rodaje es el mismo que el del corto y aunque reconoce que no los elige por géneros -"trabajo con una mujer que es directora de fotografía [Neus Ollé], con un hombre que es montador, hay un productor hombre pero también hay dos mujeres, pero los he escogido porque creo que son muy buenos en lo que hacen”-, si que es consciente de que “tenemos que trabajar todos porque las mujeres estén incluidas en los equipos de rodaje, eh. No podemos nunca bajar la vigilancia”.

Este sábado, Belén Funes podría llevarse el Goya a Mejor Dirección Novel, un galardón por el que competirá con los filmes de Aritz Moreno ('Ventajas de viajar en tren’), Galder Gaztelu-Urrutia ('El hoyo’) y Salvador Simó ('El laberinto de las tortugas'). Hablamos con ella antes de irse a Málaga.

¿Por qué decidiste estudiar cine en la ESAC y por qué dirección, lo tenías claro desde el principio?
La verdad es muy claro no lo tenía. Me gustaba la idea de dedicarme a contar cosas. También barajé periodismo, me interesaba todo lo que fuera contar y aportar tu visión de un tema. Supongo que por eso acabé en Cine y Audiovisuales en la ESCAC y decidí dirigir porque me parecía que el director es la persona que está más cerca de los actores, me gusta mucho la dirección de actores. Me gusta debatir con ellos, sobre las ideas, que dependiendo de cómo los dirijas puedes contar una u otra historia. Y, sobre todo, me encanta cómo puedes generar a través de un actor una construcción sobre la realidad y sobre un personaje que tu te has inventado y que de repente, gracias a él, le dais vida.

¿Cuándo estudiabas, erais muchas mujeres en Dirección?
En mi clase éramos 12 personas y creo que éramos tres chicas en Dirección. Ahora los porcentajes han ido subiendo, cada vez hay más chicas, pero cuando yo llegué ya empezaba a pasar algo con la mujer y el cine porque ya habían aparecido cineastas como Roser Aguilar, que también había salido de la ESCAC y había hecho una película. Entonces empezamos a ver que había referentes femeninos.

Tu anterior corto 'Sara a la fuga’, Biznaga al Mejor Cortometraje y a la Mejor Dirección en el Festival de Cine de Málaga, es el origen de tu primer largometraje, ‘La hija de un ladrón’. ¿Por qué necesitaste seguir ahondando en esa historia?

'Sara a la fuga’ es como la parte primigenia de ‘La hija de un ladrón’, es como el retrato del personaje de Sara cuando todavía es adolescente y aún vive en la casa de acogida. Pero ‘La hija de un ladrón’ no es una secuela de este corto. Quería seguir investigando sobre ese personaje sin familia, saber cómo había ido creciendo y evolucionando. Primero porque admiro mucho a esta mujer, alguien que es capaz de crecer sola y, sin ninguna ayuda, conseguir una vida propia. Y segundo porque quería hacer un retrato de una mujer hecha a sí misma, con todas sus dificultades y fallos, pero también con todos sus aciertos.

¿Qué es ser una persona ‘normal’, el gran deseo de la protagonista de tu película?
Pues tener un trabajo, un sueldo, una familia, un techo… Tener lo básico. Eso es ser una persona normal. Ella lo repite varias veces a lo largo de la película porque ella nunca podrá serlo, o al menos de momento. El hecho de ser normal en el momento que nos ha tocado vivir es cada vez menos normal. Ser normal es aspirar a lo lógico.

Aspirar a lo que debería de estar garantizado como mínimo para todo ser humano…

Pero que no lo está porque el Estado no ha sido capaz de garantizarlo.

¿Cumple para ti una función social el cine? ¿Cuál sería la de ‘La hija de un ladrón’?
Yo he decidido utilizar el cine como una herramienta social. Creo que ahí fuera hay mucha gente que lo usa para otras muchas cosas y me parece super legitimo, tampoco creo que todo el mundo tenga que hacer un retrato social con sus películas. Yo sí he decidido hacerlo, creo que el cine puede ser una crónica del momento en que la película se creó, se pensó y se concibió. En el caso de ‘La hija de un ladrón’ hemos intentando dentro de nuestras humildes opciones y siendo lo más respetuosos posible, sin querer cambiarle la vida a nadie, hacer un retrato de esa gente que está en los márgenes y que lucha cada día para seguir adelante.

Tu colaboración con Greta Fernández ha sido sido muy aplaudida y os lleváis ambas nominación en los Goya. ¿Cómo es ella cómo actriz y cómo ha sido dirigirla?
Como actriz para mi es fantástica y probablemente acabará siendo una de las mejores de su generación, seguro. Es muy buena y aparte Greta es una persona muy comprometida con lo que hace, todo son puntos positivos. Al principio no nos conocíamos, pero nuestro proceso fue muy acelerado porque nos tocaba hacer una película juntas. Acabamos siendo muy amigas, así que ha sido como trabajar con una colega.

¿Qué ha aportado ella al persona de Sara?
Un montón de cosas. De entrada su cara, su cuerpo, su voz. Luego Greta es una actriz que siempre esta proponiendo cosas, algo que yo agradezco mucho sobre todo si son interesantes, como es su caso. Ha cambiado diálogos, la forma en que anda o come el personaje, todo eso salió de ella.

¿Por qué rodaste en castellano ‘La hija de un ladrón’?
Está en castellano y también hay personajes que hablan en catalán. Quería que convivieran las dos lenguas en la película porque es algo que sucede de manera muy natural en Barcelona, que la gente se comunica en catalán y castellano indistintamente, algo que a mi me encanta y quería que estuviera retratado.

Tu película se estrenó en el San Sebastián, y ha recibido tres galardones en los XII Premios Gaudí. ¿Estás nerviosa ante la nominación al Goya?
Sí que estoy nerviosa, pero creo que hay que ir a disfrutarlo sobre todo porque cuando eres mujer es muy difícil que te vuelvan a nominar como director. Así que como no se cuándo voy a volver a estar allí, seguramente nunca, me digo ‘pásatelo bien’. No quiero poner el peso en ganarlo o perderlo, sino en estar allí y formar parte de esa noche de cine.

En los Oscar este año no hay directoras mujeres nominadas. En los Goya, solo tu a Mejor dirección novel. ¿Por qué crees que ocurre esto cuando hay directoras muy alabadas por la crítica, directoras que están batiendo récords en taquilla…?
Totalmente, de hecho varias de mis películas favoritas este año están dirigidas por mujeres. No creo que haya un trasfondo de maldad en no nominar a mujeres, pero sí creo que hay desatención. En la Academia de Cine el número de mujeres inscritas es mucho menor. Y de todas las películas posibles candidatas no suele haber tantas hechas por mujeres, porque no se hacen. Para encontrar la raíz del problema deberíamos retrotraernos al momento en el que las mujeres buscan financiación para rodar sus proyectos. Ahí es cuando empieza a florecer, o a morirse, esa semilla. Porque las mujeres siempre consiguen unos presupuestos inferiores a los de los hombres, si es que los consiguen. Creo que ahí empezamos a generar esa bola que acaba con que este año solo tenemos una mujer nominada a mejor dirección en los Goya como pasa este año.

¿Fue difícil para ti rodar tu primer largo?
Yo diría que no. Encontré unos productores que creían muchísimo en la película, pero tampoco quiero que se juzgue todo por mi caso. Es como cuando dicen pero sí que hay mujeres dirigiendo películas de super héroes. No, hay una. Eso no es ‘mujeres dirigiendo películas de super héroes’. No voy a mentirte y a decirte que lo he tenido todo super difícil. He trabajado mucho, pero he conseguido las cosas de manera más o menos fácil, pero esa no es la situación de la mujer en el cine. Lo que está claro es que a las mujeres, cuando nos presentamos a cualquier cosa, se nos pide que seamos las mejores de la clase siempre. Que tengamos el mejor guión, el mejor dossier, los mejores actores… Y esto no se le pide a los hombres, es así. Creo que hay que luchar por la igualdad y en esa igualdad entra que tengamos derecho a fallar, a equivocarnos y a dar volantazos. Y que no se nos exija ser las primeras de la clase toda la vida.

¿Crees que es importante la mirada de la mujer en las artes?
Me parece importante como me lo parece la del hombre. Lo que me parece importante es que el relato no recaiga siempre en el mismo lado. No doy más valor a la mirada de la mujer sobre la del hombre porque creo que aportan cosas distintas, a veces no tan distintas, a veces son más sensibles, otras veces menos que los hombres… Tampoco me gusta esta cosa de la mujer ‘first y el hombre ‘second’. No. Vivan las dos miradas, partámonos el relato y hablemos los dos, que sería lo que a mi me gustaría que sucediera. Una mirada plural para que todo el mundo se pueda ver representando.

¿Cuáles serían tus referentes en el cine?
Voy cambiando dependiendo del día, pero últimamente estoy muy Agnès Varda. La leo y me río con ella, me parece tan brillante, inteligente… Esta fotografía que pusieron el año pasado en su homenaje en Cannes de ella subida en un hombre para mirar por el objetivo de la cámara, yo creo que allí ya la tía sabía que estaba haciendo historia.

¿Y cómo ves el cine español con nombres tan potentes de directoras jóvenes como Elena Martín, Nely Reguera, Carla Simón o Celia Rico? ¿Crees que formáis una generación?
Nos hace mucha risa cuando nos preguntáis porque, claro, estás son mis amigas. Igual no hemos estudiado juntas pero henos colaborado. El otro día estuve con Elena Martín, fui al cumpleaños de Carla… Es como muy raro para nosotras. Más que una generación, algo que está por ver porque lo tiene que decir el tiempo, lo que sí me siento es que formo parte de un grupo de amigas, de apoyo, al que puedes llamar y decir me ha pasado esto. Y siempre vas a encontrar a alguna que te va a ayudar, o se va a leer tu guión. Creo que lo que hemos conseguido es hacer este tejido de amistad profesional, que me parece un buen término. Nos valoramos profesionalmente, nos respetamos y aparte nos caemos bien. Este tejido entre nosotras contra más seamos, más fuerte será. Así que yo quiero que haya muchas mujeres que se añadan a esto porque así más fuerte será esta red y no se podrá romper.

Me contaban Elena Martín y Carla Simón en un reportaje que, además, las directoras estáis cambiando la forma jerárquica que había de hacer cine, demostrando que se puede hacer de otra manera.
Yo estoy completamente de acuerdo. De hecho es algo que he hablado muchas veces con ellas. Siento que se han incorporado mujeres a los equipos de rodaje y eso ha sido un hecho diferencial porque modifica y creo que necesitábamos esa modificación. Que se trabaje de forma menos jerárquica, más en horizontal, más transversal y que el cine lo empecemos a entender más como un acontecimiento colaborativo, no como ese director en la cima al que nadie puede tocar y con el que nadie puede hablar. También porque creo que como nosotras estamos acostumbradas a trabajar así y también somos de una generación que ha conocido el cine cuando ya no daba tanto dinero, un cine más en crisis. Hemos aprendido a trabajar de otra forma, creo que es bueno y que las películas salen mejor.

Además, habéis conseguido conectar con los espectadores.
Pues sí y es guay. Para mi Mar Coll fue una pionera en esto. Y, por ejemplo, antes que ella Isabel Coixet e Icíar Bollaín, que colocaron a la mujer en uno de esos cuadraditos de los Goya. Todas estas mujeres, como Pilar Miró. En mi caso fue a Mar la que vi que decía aquí estoy yo y esto es lo que voy a hacer, con ‘Tres días con la familia’, una película en la que tuve la suerte de trabajar como meritoria. Al verla en el cine me di cuenta de que existía la posibilidad de hacer esto.

Después de los Goya, ¿qué planes tienes?
Tranquilizarme un poco y empezar a escribir la película nueva que tengo en la cabeza. Nuestro método de trabajo es muy riguroso, muy perseverante, entendemos el cine de la forma más obrera que se puede entender que es: trabajando, trabajando y trabajando. Intentándolo hacer bien para contar nuestras historias.

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